Otro de los sueños que atormentaban
mis noches, era despertar a las seis de la mañana escuchando la música de mi
vecino, no era música adecuada a los amaneceres fríos normalmente llenos de
serenatas por la caída de la lluvia en los capotes de los autos, siempre me
gustaba más despertar con el sonido del viento y la lluvia soplando por los
arboles, aunque el frío era mi enemigo natural. Siempre preferí el calor, un
día soleado, una brisa en la sombra de un árbol al saborear alguna bebida fría
que se derritiera por la calidez del día.
Al vecino se le oía cantando muy
feliz, mientras tomaba la primera ducha del día, yo por otra parte evitaba el
contacto con el agua, solo hacía lo necesario, lavarme el rostro, mojar las
puntas de mi cabello para después aplicar acondicionador, lavar mis manos
después de comer un minucioso sándwich que me daba la primera sonrisa del día y
era todo. Estaba lista para el frío y la lluvia, pero antes debía decirle a mi
vecino que no estaba de acuerdo con su manera de despertar, (tal vez por ello
siempre llego tarde al trabajo) lo afronte, puse mi propia melodía, algo de
piano, un poco de guitarra, el bajo al fondo tan cautivador como siempre, la
tonada me recordaba cómo era yo todos los días, diferente a todo lo demás, sin
ritmo, sin fin, no terminaba sin embargo al apagar la computadora llegaba la
hora de salida, después volvería a competir con mi vecino que había bajado su
melodía solo para escuchar la mía. – Tal vez si soy interesante después de
todo, como los libros de Salem.
– “no todo es lo que parece” escuche decir a alguien a lo lejos, y desperté del sueño.
– “no todo es lo que parece” escuche decir a alguien a lo lejos, y desperté del sueño.
- Dormiste mucho – me dijo angeló mientras lo veía acomodarse sus zapatos, que ya estaban limpios después de mi dramática escena.
-
Ahm.. ¿me hiciste algo mientras dormía?
-
¡¿Qué?! Por supuesto que no, ni siquiera te conozco,
como vas a pensar esas cosas
Reí – Relájate solo quería romper el hielo, lo siento.
-
Oh . . – se puso su mano cerca de su boca, parecía que
no quería que me diera cuenta de su sonrisa.
-
Aun no regresamos a la ciudad ¿cierto? – Miraba para
todos lados y seguía siendo aquel pueblo con tejados viejos, edificios oscuros,
animales caminando libres por las calles, aunque no había casi pavimentación,
todo era polvo y nostalgia. Habíamos concordado en que era todo un mal sueño y
quedamos en dormir en una casa que parecía abandonada, olía a humedad y el
polvo me hacía estornudar bastante, pero con tantas nauseas y un gran dolor de
cabeza, morfeo se apiado de mi y quede en un sueño profundo o más bien en mis
recuerdos.
-
No, pero la tienda de antigüedades sigue ahí, aunque
se ve muy bonita comparada con todo el pueblo, todo huele a humedad y animales
– vi que se olfateo un poco la camisa de su cuello, me gustaba como iba
vestido, camisa sencilla sin estampados de color azul oscuro que llevaba por
fuera, unos jeans casi del mismo color, tal vez más oscuros, para nada
ajustados como la mayoría de los muchachos usaban, y unos zapatos de vestir
sencillos que parecían bastante cómodos, color cafés. Su cabello parecía algo
quebradizo y se notaba que no se peinaba, era color castaño claro y resaltaban
sus ojos color miel, aunque a veces me parecían verdes, a mi parecer se veía
más pálido este día que cuando lo vi por primera vez en la librería. Tal vez yo
estaba igual de pálida, no era para menos al estar solos en quién sabe dónde.
Salí de la casa y estire mis brazos
y deje que el frío me envolviera, hoy no iba a pelear con él, necesitaba tener
toda la ayuda posible y poner todo a mi favor si quería salir intacta de aquel
sueño (claro entre en la negación de que algo paranormal me sucediera). Angeló
me siguió de cerca, necesitábamos comida, agua, alguna dirección. Apareció de
nuevo ante nosotros el gato blanco, no era totalmente blanco, tal vez no
alcance a ver los detalles de su cuerpo la noche anterior con todo lo que paso,
sus orejas eran cafés y sus ojos muy azules, su cola era también café, tenía
muchos detalles y se veía muy tierno, me dieron ganas de acercarme y
acariciarlo, este solo echo a correr y nosotros detrás de él.
-
Oye Nagace, espera no sabemos hacía donde va y nunca
lo alcanzaríamos, no hay que alejarnos, ¡detente!
Seguí
corriendo y jadeando detrás del gato era el único que estaba ahí y que sabía de
dónde veníamos, tal vez nos llevaba a donde hubiera respuestas, angeló siguió
detrás de mí y ya no le escuchaba queja alguna, supongo que se resigno a mi
instinto impulsivo. Me detuve delante de un edificio de tres pisos color gris
con techo color negro pero sin tejas, parecía bastante normal– Vaya no conocen
otros colores en este pueblo – y angeló se sentó en el piso un poco sofocado.
-
¿Estás bien? – le dije mientras ponía mi mano en su
espalda y la acariciaba un poco para que recuperara el aire.
-
Si tranquila, no suelo correr detrás de una chica que
persigue a un gato en un pueblo que me hace cagarme de miedo.
Sonreí y deje de acariciar su
espalda, camine hacia la entrada del edificio y pase, angeló ya no me seguía
supuse que me esperaría afuera o entraría en caso de escuchar algo extraño.
“No todo es lo que parece” volví a
escuchar esa voz, algo significara…
Delante de mí había una señora en
un escritorio anotando cifras, muy deprisa, sacando cuentas con sus manos. No tenía cara de querer hablar con alguien
así que me seguí de largo y no se dio cuenta de mi presencia, esto último me
asusto un poco – ¿habré muerto? – me dije y luego sacudí mi cabeza
violentamente – cálmate Nagace estas exagerando – seguí caminando con pasos
cortos y silenciosos, el piso era totalmente de cemento sin azulejos, se veía
sucio, había muchas plantas dentro eso le daba algo de vida, vi un gran espejo
delante de mi, toda una pared solo con mi reflejo, y vaya que era un desastre,
mi ropa estaba demasiado sucia, llevaba puesta una blusa roja de algodón con
mangas largas, una chaqueta de mezclilla color negra, mis jeans azul claro y
mis converse negros, mi cabello se veía bastante
bien, siempre tuve esa suerte de no tener necesidad de peinarlo aunque fuera
ondulado, me encantaba el tono oscuro, era lo único que me gustaba de mi, mi
cabello negro hasta los hombros que podía acariciar y relajarme. Me acerque al
espejo para sacudirme a palmadas mi ropa y ver si podía hacer algo con mi
apariencia, sonreí al espejo y mi reflejo no hizo lo mismo, parecía enojado. Me
asuste y eche a andar más deprisa, todo era un laberinto para mi, había muchas
puertas sin nombre, todas de madera y con candados, daba vuelta en algún
pasillo y me encontraba con más puertas, – espero que Angeló no entre o me será
imposible encontrarlo – pensé. Hasta que tope con unas escaleras y en ese
momento una niña salió del pasillo de alado detrás de un cedro joven que
parecía muy bien cuidado, la niña me saludo con timidez.
-
No deberías entrar sin permiso al edificio de mi papá,
el trabajo muy duro como para que quieran robarle.
Era una niña de aproximadamente nueve años de edad, un
lindo vestido rosa pastel con zapatos blancos y cabello rizado y suelto.
-
No entre a robar, vengo a pedir información, quisiera
saber en qué pueblo o ciudad estamos, me perdí con un amigo.
-
Estamos en Zernizel, y no es un pueblo, es la ciudad
más bonita del mundo porque hay muchas brujas aquí, más que en Leidaes, Ciudad
Reikan o Ni-arcadian, incluso yo soy una
bruja y de las mejores – No sé de qué ciudades o pueblos estará hablando,
pensé…. Espera - ¿Bruja?.
-
¡SOPHIA! – escuche a una voz gritar y acercarse a toda
prisa.
-
¿Acaso quieres que alguien te mate? Deja de decir esas
tonterías – Una señora le tomaba del brazo fuertemente a la niña, no creo que
sea su madre.
-
Tu, tu deberías irte de aquí, solo atendemos los
viernes, no tenemos nada que vender este día
- Me dijo, ya dándome la espalda.
-
Disculpe, que es este edificio y esta ciudad porque
esta todo tan gris.
-
El edificio es de mi marido, vendemos muebles,
productos de casa, lociones, medicina, lo indispensable, la ciudad es así por
culpa de la hechicería que se practica, ven conmigo, se nota que no eres de por
aquí. – suspiro un poco.
Subimos escaleras que de igual
manera estaban hechas solo de cemento sin ninguna decoración, todo era muy
simple, note pequeños dibujos de conejos, ratones, gallinas, sapos, dibujados
en los bordes y en algunas esquinas de las paredes, eso era obra de Sophia. Mi
mareo regresaba pero no iba a parar.
Llegamos al techo del edificio, sin
barandales de que sostenerse, tampoco estaba sucio, al contrario mi mareo
desapareció, no había casi humedad y veía perfectamente toda la ciudad pues
todas las casas eran pequeñas o en su mayoría, había pequeñas granjas y un mar
hermoso y cristalino, algo apartado de
la ciudad, se respiraba la brisa salada, veía muchos cuervos volar por sobre
los sembradíos también alejados de la ciudad, los animales no se comportaban
muy bien, no parecían muy felices, y veía que empezaba a salir más gente de sus
casas. Algunos autos de viejos modelos pasaban por alrededor de las calles y vi
a un grupo de personas acercarse a la tienda de antigüedades, que aún estaba
cerrada.
-
¿Qué hora es? – le pregunte a la señora.
-
Cerca de las siete de la mañana, madrugaste, nosotros
nos levantamos a las cinco para tener todo listo, pero las demás personas de la
ciudad prefieren mantenerse en su casa, no hay a donde ir, normalmente quieren
todo en bajo precio o roban, o por ejemplo si uno quiere salir o acercarse al
mar, seguro algún hechicero o bruja te ahogarían por querer experimentar su
magia. – tenía una mano sobre su mejilla y su tono de voz era muy natural, como
si fuera desde siempre que mataran gente por diversión o experimentar. Me
agache a la altura de Sophia y le pregunte.
-
Tú, ¿me ahogarías por experimentar? O ya se. . si
salto aquí ¿crees que tu magia me haría volar o convertirme en pétalos de
flores?
-
La magia no funciona así, no sé qué clase de cuentos
te lees pero yo no soy como las demás brujas, soy bruja del viento, pero no puedo
volar. Y no me gusta ver a la gente morir.
Me puse en el borde del edificio y salte, otro impulso de mi
parte. Cerré los ojos y me encontré de nuevo en el techo, me sentía con mi
corazón muy agitado, intente respirar como si fuera la primera vez, en mi mente
solo me preguntaba qué diablos estaba pasando, de verdad debía ser otro sueño,
una pesadilla, pero vi a Sophia arrodillada con sus manos en el corazón y
apretando sus ojos, después se dejo caer sobre el techo. Supe que esto no se
trataba de ningún sueño y tenía que hacerme a la idea. La señora se limito a
acariciar su cabello y lanzarme una mirada mortífera, después sonrió.
-
Sophia no puede esforzarse mucho con su magia, aún es
muy pequeña y se negó a ser aprendiz de las brujas mayores porque la mayoría
juegan con la vida de las personas, evitamos que juegue con niños de su edad
para que no sepan de lo que es capaz de hacer, yo veo algo especial en ti
muchacha, ya te ayude en lo que pude, ven a buscarme cuando necesites algo. –
Cargo a Sophia y bajo las escaleras, yo me quede aún contemplando el paisaje,
viendo arboles tan altos, recordando que nunca vi la ciudad donde vivía de esta
manera, siempre me limitaba a quedarme en casa o ir al trabajo, los arboles no
me parecían tan altos, los edificios siempre los superaban, los animales solo
los veía en la comida del día, me reí de esto último y decidí bajar a buscar a
Angeló.
El ya no estaba allí esperándome.
Entre de nuevo en el edificio y le pregunte a la que trabajaba aún con las
cifras si había pasado un muchacho, estaba segura que el al verla si hubiera
preguntado por mí. Me respondió con la cabeza que no y siguió contando sus
dedos y susurrando números. Me abrace a mi misma mientras salía de nuevo a las
calles y veía el amanecer aunque el sol no alcanzaba a alumbrar la ciudad, era
la época más lluviosa del año, era otra época y tenía que afrontarlo aunque me
sentí tan sola, tenía que encontrarlo, tenía que encontrar a Angeló no solo por
mí, si no explicarle que nada de esto es lo que parece, estábamos ahí por
alguna razón. Apareció de nuevo el gato blanco, se subió a mi hombro y empecé a
caminar, empecé a cuestionarlo.
-
¿Por qué nos trajiste aquí? Sé que solo eres un gato
por fuera pero estoy segura que me puedes entender, dime responde, ¿yo también
soy una bruja?, ¿Angeló que tiene que ver en todo esto?, se sofoca fácilmente
solo por correr, si le paso algo te juro que te mató.
Saltó de mi hombro y me araño una
pierna. Yo lo patie.
***
Capitulo 3 – La sombra de Angeló.
Nunca me gustó llamarme Angeló, no
me siento a gusto con lo que significa, no soy una buena persona, he hecho
cosas malas.
-
Yo creo que eres una buena persona Angeló, eres una
buena persona a la que le han sucedido cosas malas. – Me dijo Alice mientras se
recogía su largo cabello rubio en un moño para dejar su cuello descubierto.
-
Creo que todos tenemos mal y bien dentro, no soy una
buena persona, tengo siempre esos sueños donde termino muerto de maneras tan
dolorosas, a veces veo la sangre en mis manos, a veces escucho los gritos
sofocantes de la misma chica, todas las noches, y jamás me dijo su nombre, en
el sueño no me importaba, pero en la realidad, bueno la realidad es otra –
Sorbo del café recién preparado, mucha azúcar y nada de crema.
-
A veces tengo celos de tus sueños, pareciera que
viviste una vida intensa y tenías a alguien, aquí yo solo te tengo a ti, y la
vida se me va tan rápido… – lo ultimo lo dijo con una voz a punto de quebrarse
en llanto, me levante, la abrace y nos metimos en la cama.
Debí esperar a Nagace afuera, pero
esas mujeres me parecían demasiado sospechosas, tal vez ellas sabían dónde
estábamos, eran alrededor de doce mujeres y hombres, vestidos de negro y con un
montón de jaulas para animales y frascos, por suerte la tienda de antigüedades
aún no abría, eran las 06:45 a.m., por suerte mi reloj aún servía, debía
conseguir alguna libreta y lápiz para anotar la fecha en que llegamos, llevar
la cuenta de los días por si nos preguntaban, por si no recordábamos, siempre
me quedo esa costumbre por Alice, contar el día a día…









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