lunes, 10 de noviembre de 2014

Capitulo 2 – No todo es lo que parece.

Otro de los sueños que atormentaban mis noches, era despertar a las seis de la mañana escuchando la música de mi vecino, no era música adecuada a los amaneceres fríos normalmente llenos de serenatas por la caída de la lluvia en los capotes de los autos, siempre me gustaba más despertar con el sonido del viento y la lluvia soplando por los arboles, aunque el frío era mi enemigo natural. Siempre preferí el calor, un día soleado, una brisa en la sombra de un árbol al saborear alguna bebida fría que se derritiera por la calidez del día.

Al vecino se le oía cantando muy feliz, mientras tomaba la primera ducha del día, yo por otra parte evitaba el contacto con el agua, solo hacía lo necesario, lavarme el rostro, mojar las puntas de mi cabello para después aplicar acondicionador, lavar mis manos después de comer un minucioso sándwich que me daba la primera sonrisa del día y era todo. Estaba lista para el frío y la lluvia, pero antes debía decirle a mi vecino que no estaba de acuerdo con su manera de despertar, (tal vez por ello siempre llego tarde al trabajo) lo afronte, puse mi propia melodía, algo de piano, un poco de guitarra, el bajo al fondo tan cautivador como siempre, la tonada me recordaba cómo era yo todos los días, diferente a todo lo demás, sin ritmo, sin fin, no terminaba sin embargo al apagar la computadora llegaba la hora de salida, después volvería a competir con mi vecino que había bajado su melodía solo para escuchar la mía. – Tal vez si soy interesante después de todo, como los libros de Salem.
 – “no todo es lo que parece” escuche decir a alguien a lo lejos, y desperté del sueño.

-          Dormiste mucho – me dijo angeló mientras lo veía acomodarse sus zapatos, que ya estaban limpios después de mi dramática escena.
-          Ahm.. ¿me hiciste algo mientras dormía?
-          ¡¿Qué?! Por supuesto que no, ni siquiera te conozco, como vas a pensar esas cosas
Reí – Relájate solo quería romper el hielo, lo siento.
-          Oh . . – se puso su mano cerca de su boca, parecía que no quería que me diera cuenta de su sonrisa.
-          Aun no regresamos a la ciudad ¿cierto? – Miraba para todos lados y seguía siendo aquel pueblo con tejados viejos, edificios oscuros, animales caminando libres por las calles, aunque no había casi pavimentación, todo era polvo y nostalgia. Habíamos concordado en que era todo un mal sueño y quedamos en dormir en una casa que parecía abandonada, olía a humedad y el polvo me hacía estornudar bastante, pero con tantas nauseas y un gran dolor de cabeza, morfeo se apiado de mi y quede en un sueño profundo o más bien en mis recuerdos.

-          No, pero la tienda de antigüedades sigue ahí, aunque se ve muy bonita comparada con todo el pueblo, todo huele a humedad y animales – vi que se olfateo un poco la camisa de su cuello, me gustaba como iba vestido, camisa sencilla sin estampados de color azul oscuro que llevaba por fuera, unos jeans casi del mismo color, tal vez más oscuros, para nada ajustados como la mayoría de los muchachos usaban, y unos zapatos de vestir sencillos que parecían bastante cómodos, color cafés. Su cabello parecía algo quebradizo y se notaba que no se peinaba, era color castaño claro y resaltaban sus ojos color miel, aunque a veces me parecían verdes, a mi parecer se veía más pálido este día que cuando lo vi por primera vez en la librería. Tal vez yo estaba igual de pálida, no era para menos al estar solos en quién sabe dónde.

Salí de la casa y estire mis brazos y deje que el frío me envolviera, hoy no iba a pelear con él, necesitaba tener toda la ayuda posible y poner todo a mi favor si quería salir intacta de aquel sueño (claro entre en la negación de que algo paranormal me sucediera). Angeló me siguió de cerca, necesitábamos comida, agua, alguna dirección. Apareció de nuevo ante nosotros el gato blanco, no era totalmente blanco, tal vez no alcance a ver los detalles de su cuerpo la noche anterior con todo lo que paso, sus orejas eran cafés y sus ojos muy azules, su cola era también café, tenía muchos detalles y se veía muy tierno, me dieron ganas de acercarme y acariciarlo, este solo echo a correr y nosotros detrás de él.

-          Oye Nagace, espera no sabemos hacía donde va y nunca lo alcanzaríamos, no hay que alejarnos, ¡detente!

Seguí corriendo y jadeando detrás del gato era el único que estaba ahí y que sabía de dónde veníamos, tal vez nos llevaba a donde hubiera respuestas, angeló siguió detrás de mí y ya no le escuchaba queja alguna, supongo que se resigno a mi instinto impulsivo. Me detuve delante de un edificio de tres pisos color gris con techo color negro pero sin tejas, parecía bastante normal– Vaya no conocen otros colores en este pueblo – y angeló se sentó en el piso un poco sofocado.

-          ¿Estás bien? – le dije mientras ponía mi mano en su espalda y la acariciaba un poco para que recuperara el aire.
-          Si tranquila, no suelo correr detrás de una chica que persigue a un gato en un pueblo que me hace cagarme de miedo.

Sonreí y deje de acariciar su espalda, camine hacia la entrada del edificio y pase, angeló ya no me seguía supuse que me esperaría afuera o entraría en caso de escuchar algo extraño.
“No todo es lo que parece” volví a escuchar esa voz, algo significara…
Delante de mí había una señora en un escritorio anotando cifras, muy deprisa, sacando cuentas con sus manos.  No tenía cara de querer hablar con alguien así que me seguí de largo y no se dio cuenta de mi presencia, esto último me asusto un poco – ¿habré muerto? – me dije y luego sacudí mi cabeza violentamente – cálmate Nagace estas exagerando – seguí caminando con pasos cortos y silenciosos, el piso era totalmente de cemento sin azulejos, se veía sucio, había muchas plantas dentro eso le daba algo de vida, vi un gran espejo delante de mi, toda una pared solo con mi reflejo, y vaya que era un desastre, mi ropa estaba demasiado sucia, llevaba puesta una blusa roja de algodón con mangas largas, una chaqueta de mezclilla color negra, mis jeans azul claro y mis converse negros,  mi cabello se veía bastante bien, siempre tuve esa suerte de no tener necesidad de peinarlo aunque fuera ondulado, me encantaba el tono oscuro, era lo único que me gustaba de mi, mi cabello negro hasta los hombros que podía acariciar y relajarme. Me acerque al espejo para sacudirme a palmadas mi ropa y ver si podía hacer algo con mi apariencia, sonreí al espejo y mi reflejo no hizo lo mismo, parecía enojado. Me asuste y eche a andar más deprisa, todo era un laberinto para mi, había muchas puertas sin nombre, todas de madera y con candados, daba vuelta en algún pasillo y me encontraba con más puertas, – espero que Angeló no entre o me será imposible encontrarlo – pensé. Hasta que tope con unas escaleras y en ese momento una niña salió del pasillo de alado detrás de un cedro joven que parecía muy bien cuidado, la niña me saludo con timidez.

-          No deberías entrar sin permiso al edificio de mi papá, el trabajo muy duro como para que quieran robarle.
Era una niña de aproximadamente nueve años de edad, un lindo vestido rosa pastel con zapatos blancos y cabello rizado y suelto.
-          No entre a robar, vengo a pedir información, quisiera saber en qué pueblo o ciudad estamos, me perdí con un amigo.
-          Estamos en Zernizel, y no es un pueblo, es la ciudad más bonita del mundo porque hay muchas brujas aquí, más que en Leidaes, Ciudad Reikan o Ni-arcadian,  incluso yo soy una bruja y de las mejores – No sé de qué ciudades o pueblos estará hablando, pensé…. Espera - ¿Bruja?.
-          ¡SOPHIA! – escuche a una voz gritar y acercarse a toda prisa.
-          ¿Acaso quieres que alguien te mate? Deja de decir esas tonterías – Una señora le tomaba del brazo fuertemente a la niña, no creo que sea su madre.
-          Tu, tu deberías irte de aquí, solo atendemos los viernes, no tenemos nada que vender este día  - Me dijo, ya dándome la espalda.
-          Disculpe, que es este edificio y esta ciudad porque esta todo tan gris.
-          El edificio es de mi marido, vendemos muebles, productos de casa, lociones, medicina, lo indispensable, la ciudad es así por culpa de la hechicería que se practica, ven conmigo, se nota que no eres de por aquí. – suspiro un poco.

Subimos escaleras que de igual manera estaban hechas solo de cemento sin ninguna decoración, todo era muy simple, note pequeños dibujos de conejos, ratones, gallinas, sapos, dibujados en los bordes y en algunas esquinas de las paredes, eso era obra de Sophia. Mi mareo regresaba pero no iba a parar.
Llegamos al techo del edificio, sin barandales de que sostenerse, tampoco estaba sucio, al contrario mi mareo desapareció, no había casi humedad y veía perfectamente toda la ciudad pues todas las casas eran pequeñas o en su mayoría, había pequeñas granjas y un mar hermoso  y cristalino, algo apartado de la ciudad, se respiraba la brisa salada, veía muchos cuervos volar por sobre los sembradíos también alejados de la ciudad, los animales no se comportaban muy bien, no parecían muy felices, y veía que empezaba a salir más gente de sus casas. Algunos autos de viejos modelos pasaban por alrededor de las calles y vi a un grupo de personas acercarse a la tienda de antigüedades, que aún estaba cerrada.

-          ¿Qué hora es? – le pregunte a la señora.
-          Cerca de las siete de la mañana, madrugaste, nosotros nos levantamos a las cinco para tener todo listo, pero las demás personas de la ciudad prefieren mantenerse en su casa, no hay a donde ir, normalmente quieren todo en bajo precio o roban, o por ejemplo si uno quiere salir o acercarse al mar, seguro algún hechicero o bruja te ahogarían por querer experimentar su magia. – tenía una mano sobre su mejilla y su tono de voz era muy natural, como si fuera desde siempre que mataran gente por diversión o experimentar. Me agache a la altura de Sophia y le pregunte.
-          Tú, ¿me ahogarías por experimentar? O ya se. . si salto aquí ¿crees que tu magia me haría volar o convertirme en pétalos de flores?
-          La magia no funciona así, no sé qué clase de cuentos te lees pero yo no soy como las demás brujas, soy bruja del viento, pero no puedo volar. Y no me gusta ver a la gente morir.
Me puse en el borde del edificio y salte, otro impulso de mi parte. Cerré los ojos y me encontré de nuevo en el techo, me sentía con mi corazón muy agitado, intente respirar como si fuera la primera vez, en mi mente solo me preguntaba qué diablos estaba pasando, de verdad debía ser otro sueño, una pesadilla, pero vi a Sophia arrodillada con sus manos en el corazón y apretando sus ojos, después se dejo caer sobre el techo. Supe que esto no se trataba de ningún sueño y tenía que hacerme a la idea. La señora se limito a acariciar su cabello y lanzarme una mirada mortífera, después sonrió.
-          Sophia no puede esforzarse mucho con su magia, aún es muy pequeña y se negó a ser aprendiz de las brujas mayores porque la mayoría juegan con la vida de las personas, evitamos que juegue con niños de su edad para que no sepan de lo que es capaz de hacer, yo veo algo especial en ti muchacha, ya te ayude en lo que pude, ven a buscarme cuando necesites algo. – Cargo a Sophia y bajo las escaleras, yo me quede aún contemplando el paisaje, viendo arboles tan altos, recordando que nunca vi la ciudad donde vivía de esta manera, siempre me limitaba a quedarme en casa o ir al trabajo, los arboles no me parecían tan altos, los edificios siempre los superaban, los animales solo los veía en la comida del día, me reí de esto último y decidí bajar a buscar a Angeló.
El ya no estaba allí esperándome. Entre de nuevo en el edificio y le pregunte a la que trabajaba aún con las cifras si había pasado un muchacho, estaba segura que el al verla si hubiera preguntado por mí. Me respondió con la cabeza que no y siguió contando sus dedos y susurrando números. Me abrace a mi misma mientras salía de nuevo a las calles y veía el amanecer aunque el sol no alcanzaba a alumbrar la ciudad, era la época más lluviosa del año, era otra época y tenía que afrontarlo aunque me sentí tan sola, tenía que encontrarlo, tenía que encontrar a Angeló no solo por mí, si no explicarle que nada de esto es lo que parece, estábamos ahí por alguna razón. Apareció de nuevo el gato blanco, se subió a mi hombro y empecé a caminar, empecé a cuestionarlo.
-          ¿Por qué nos trajiste aquí? Sé que solo eres un gato por fuera pero estoy segura que me puedes entender, dime responde, ¿yo también soy una bruja?, ¿Angeló que tiene que ver en todo esto?, se sofoca fácilmente solo por correr, si le paso algo te juro que te mató.
Saltó de mi hombro y me araño una pierna. Yo lo patie.


***

Capitulo 3 – La sombra de Angeló.
Nunca me gustó llamarme Angeló, no me siento a gusto con lo que significa, no soy una buena persona, he hecho cosas malas.
-          Yo creo que eres una buena persona Angeló, eres una buena persona a la que le han sucedido cosas malas. – Me dijo Alice mientras se recogía su largo cabello rubio en un moño para dejar su cuello descubierto.
-          Creo que todos tenemos mal y bien dentro, no soy una buena persona, tengo siempre esos sueños donde termino muerto de maneras tan dolorosas, a veces veo la sangre en mis manos, a veces escucho los gritos sofocantes de la misma chica, todas las noches, y jamás me dijo su nombre, en el sueño no me importaba, pero en la realidad, bueno la realidad es otra – Sorbo del café recién preparado, mucha azúcar y nada de crema.
-          A veces tengo celos de tus sueños, pareciera que viviste una vida intensa y tenías a alguien, aquí yo solo te tengo a ti, y la vida se me va tan rápido… – lo ultimo lo dijo con una voz a punto de quebrarse en llanto, me levante, la abrace y nos metimos en la cama.

Debí esperar a Nagace afuera, pero esas mujeres me parecían demasiado sospechosas, tal vez ellas sabían dónde estábamos, eran alrededor de doce mujeres y hombres, vestidos de negro y con un montón de jaulas para animales y frascos, por suerte la tienda de antigüedades aún no abría, eran las 06:45 a.m., por suerte mi reloj aún servía, debía conseguir alguna libreta y lápiz para anotar la fecha en que llegamos, llevar la cuenta de los días por si nos preguntaban, por si no recordábamos, siempre me quedo esa costumbre por Alice, contar el día a día…

sábado, 8 de noviembre de 2014

Capitulo 1 (La bruja, El Angel y Salem)

Era la estación más lluviosa del año.

Después de una semana completa de tener aquella pesadilla, había pensado que era mejor pedir ayuda a un loquero, después de todo la mayoría de las personas creían que carecía de cordura.
Esa mañana volví a despertar tarde para ir a trabajar e imagine cosas mientras manejaba, vía la ciudad de otra manera, más antigua, más olvidada, los pisos se me hacían conocidos y los techos eran de tejas, - Como extraño ver techos de tejas - me dije, que tonta, solo veía ese tipo de techos en ciudades de documentales como España o ciudades de los años .. 80's.. 90's .. no lo se nunca presté tanta atención.

Color rojo, de un semáforo.
Tuve que pisar el freno derrepente, un gatete blanco atravesaba la calle en la que construían el nuevo puente para mayor circulación. Quise incluso bajarme. Seguí mi camino al oír el claxón de 10 carros que estaban atras de mi, parece que me detuve por bastante tiempo y el color rojo ya no estaba, siempre me recordaba al fuego.

- Tengo libros muy interesantes sobre las Brujas de Salem - Me dijo el muchacho sin ver que yo estaba en un trance, no lo creía, era idéntico al de mis sueños, uno de tantos sueños que me perseguían en las madrugadas, uno de tantos sueños que me ponían con más locura de la que necesito para vivir.
- Vaya (reaccione), podrías darme precios, quiero llevarme bastantes, supongo que hay descuento por el polvo. - Le dije pasando mis dedos por los anaqueles, las portadas y los bordes.
- No - dijo en tono serio y bastante grosero, me dio la lista de precios y no cruzamos ni una palabra hasta que me cobro los libros y dijo, que pase buena tarde. Esperaba un, vuelva pronto.

Paso la semana y decidí volver a aquella librería, tenía curiosidad, me iba ha armar de valor para contarle al muchacho sobre el sueño, aún sin conocerme, seguro se exaltaría y cambiaría de dirección, seguro que llamaría a alguno de sus amigos y se burlarían de "una muchacha loca que acosa a bibliotecarios", vaya ya me imagino los demás sobrenombres, pero no me importaba, las oportunidades pasan, debo aprovecharlas.

Pase por la puerta de la librería aunque había un letrero afuera de "regreso en 20 minutos".
- ¿Hay alguien aquí? ¿ hola? hey muchacho de la semana pasada, soy tu cliente preferida! - no hubo respuesta, tal vez por eso hice la broma.
Aproveche la oportunidad y me escabullí a el cuarto del fondo, se veía oscuro, húmedo y tétrico, parecía que estuviera dentro de una historia. No, era un baño, con una recamara muy pequeña, solo encontraba una cama desordenada, tres, tal vez cuatro camisas sin planchar, un taburete, una cómoda pequeña de dos cajones, y muchas huellas en el piso como si tampoco pudiera dormir por la noche, claro que había que poner atención para verlas.

- Pero que caraj.... ¿Qué haces aquí atrás? - Me dijo de nuevo la voz muy groseramente.
- Bueno no había nadie y quería que me atendieran.
- Bien, regresemos a donde puede ser atendida, porque si se queda más tiempo aquí, será agredida y la ultima vez me ayudo a pagar la renta de mi pequeña casa-
Era su casa!, no podría creérmelo, sentí al principio lastima por él, pero recordé que yo también pase por situaciones similares, después me independice y tuve suerte de encontrar un buen trabajo donde no había necesidad de socializar, solo tenía que atender llamadas, llevar café, comprar a buenos precios los materiales que necesitara la oficina y recibía mi paga mensualmente, una muy satisfactoria que cubría mis necesidades y mis pastillas para dormir, que de igual manera nunca funcionaron.

- Bueno y dígame que la trae de vuelta, no creo que en una semana haya leído cinco libros.
- Si.. bueno yo... es que.. ¿Por qué se llama Salem la librería?.
- Realmente le puse el nombre por un sueño que tuve, al parecer caminaba por ahí, en un callejón y me tope con alguien llamado Salem, me explicaba que en su debido tiempo yo tendría que morir, a lo que respondí, bueno no me importa morir, todos morimos alguna vez.
Su manera de relatármelo me pareció demasiado triste, tenía ganas de abrazarle, su soledad me hacía sentir necesidad de quedarme a su lado.
- Yo tuve un sueño también, donde Salem me salvaba la vida, por eso estaba interesada.
- En el mundo hay muchas coincidencias señorita, no venga a molestarme por sueños ambiguos.
Me ofendí y me di la vuelta, antes de dar un paso fuera de la tienda o su casa, lo que fuera, le dije
- Tu nombre es Ángel estoy segura, y se que sientes empatia conmigo solo que no quieres que nada bueno te pase por que temes, tienes miedo y eres un tonto por ello - di el paso y escuche la palabra  "Angelo".

Al caminar por la calle me di cuenta que se me había venido el tiempo encima, los postes de luz estaban encendidos, el viento soplaba frío por las lluvias de temporada, los arboles se agitaban entusiasmados por la noche, las calles solas con pocos carros al pasar, deje mi carro estacionado y preferí volver caminando a casa, quería saborear la noche y mi vida, que pasaba en mi vida que no me sentía aún satisfecha con ella. En ciertos momentos he debatido esto y llegado a controversias, he jurado que si llegara a mayor edad moriría con una sonrisa y diría que mi vida fue excelente tal y como fue, que viví lo que tenía que vivir, que no quisiera que se me cumpliera lo de vivir una vida eterna, sin dolor y sufrimiento, afirmo que no es por aburrisión, si no que aprecio lo que fui y fue mi vida, porque al conocer personas y tener experiencias nuevas, uno cambia, crece, es así como debe ser, es así como es, y no quería eso para mi final, esperaba que mis sueños se equivocaran, porque si es esta una broma de la vida y estoy destinada a vivir mil más, me rehusó a que sea verdad, me quemaría yo misma para evitarlo, aún muriendo joven estaría satisfecha.

- Oye, lo siento - Escuche una voz jadeando detrás de mi.
- ¿Qué?, ¿por qué me sigues, quieres burlarte de mi ahora? Déjame disfrutar de mi caminata.
- Te vi cuando llegaste en ese carro que dejaste a un lado estacionado, yo estaba enfrente, en aquella tienda de antigüedades, esa es otra coincidencia que me entristece, estar cerca de algo tan nostálgico y que se vincule con la librería, bueno no hace mi vida más interesante pero si más emotiva, por favor discúlpame, vete en tu carro, no quie.. - lo interrumpí.
- Lo que sea que pienses de mi, esta mal, no vine a que sintieras pena o lastima por mi, me se cuidar sola después de todo, soy una mujer y toda mujer tiene algo de magia dentro, es lo que leí. - reí un poco y puse mis manos sobre mis caderas ameritando una pose de superheroina.
- Claro! Claro!, pero usted no tiene aún licencia de superheroe, no se la veo encima, así que por favor tome su carro o me preocupare.
- Me llamo Nagace y tomare mi auto, ya camine lo suficiente.

En ese momento salio aquel gato blanco que vi en la mañana de la vuelta a la calle y se puso justo enfrente de nosotros, comenzó a moverse de una manera que nos dio temor a los dos, tan decidido, tan fijo en su mirada, tan humano...De un momento a otro todo empezo a temblar y  el viento a tornarse cada vez más caliente y sofocante, ¿dónde quedaron las nubes bloqueando la luz de la luna?, los arboles cambiaron de tamaño, y me dieron unas nauseas terribles que vomite encima de los zapatos de Angelo.

- ¡¿HAY PERO QUE ASCO, POR EL AMOR DE DIOS ERA NECESARIO QUE ME VOMITARAS?!.
- lo.. lo siento mucho.. ¿qué acaba de pasar?
- No lo sé pero mi librería ya no esta . .

Todo se había convertido a un pueblo como el de mis sueños.


Los fines de semana

Como le dije a mi tía este día. Mi concepto de vivir al máximo es, comer bien y lo que me guste, jugar vídeo juegos, atender mi hogar y estar tranquila en mi casa, y es que vinieron testigos de Jehova a tocar la puerta y se armo la controversia y estoy segura que yo gane los argumentos, al final mi tía se llevo una nota de 3 páginas que escribí sobre mi concepto hacía Dios, donde si creo en el pero no estoy de acuerdo con las religiones y la señora que vino se fue con más dudas que con respuestas cuando suele ser al revés.

Perdí casi toda la mañana en ello, que molestia, pero no suele pasar que me den ganas de sacar mis ideas y que alguien más escuche, la ultima vez que paso termine deprimida y frustrada.

Creo firmemente que estoy creciendo, tal y como debía suceder.
Ahora debo lavar ropa a mano porque estoy en contra de las lavadoras, chao.


Y YA SE ACABO NARUTO *llora*



Yo seguiré escuchando utakata hanabi para recordarte, y estoy orgullosa de sakura que se pudo quedar con sasuke aunque siento que merecía más a Naruto, pero el corazón de la mujer no cambia y estoy segura, más que antes, que nunca jamas te voy a poder olvidar y ya estoy aprendiendo a vivir con ello, pero no seré como sakura, tu no volverás a mi. 

Salem

Estaba atada a un poste de madera esperando que me ardieran las llamas superficialmente, porque por dentro, por dentro ya me quemaba.

Llego riendo.

- ¿Cómo acabaste aquí? - me preguntó mientras me veía de arriba abajo notando que mi ropa y mi ser estaban intactos.
- Bueno . . al final dije que era una bruja, se asustaron y creo que estoy feliz de estar amarrada - Aún no sabía porque tendría que mentirle a él.
- Creo que ya sabes lo que va a pasar, no puedo dejarte hacer esto sola - tomo un pedazo de carbón y se lo lanzo a uno de los ciudadanos del pueblo.

- ¡HEY! soy contribuyente con la bruja, yo le ayudaba a buscar los cabellos o lo que necesitara! - Lo dijo riendo de nuevo.

Ya estaba amarrado y golpeado también.

- Vaya... si que te han pegado duro en la cara, creo que no era carbón de buena calidad - Le dije mirando el suelo húmedo pues era la temporada más lluviosa del año, de milagro nos caería lluvia encima y nos cocinarían junto con un resfriado.
- Creo que estaba demás tal vez les moleste que una bruja tenga amigos y ellos no tengan a nadie.

Me doy cuenta de que sus palabras me reconfortan y se que no todos estamos solos en este mundo, ni siquiera yo una bruja. Salem se ve desde un techo mirando fijamente a Ángel, creo que desde el nombre no había sido de su agrado, lo que paso después no me hizo feliz, cambio lugar conmigo, perder una vida de siete no le parecía importante y sus celos eran, de que yo debía ser su única amiga. Salem ardió, Ángel ardió y yo me esclarecí, salte desde el techo y pedí a Salem que me dejara morir en aquel lugar, lo que me llego desde su corazón fue una simple frase "Aún no es tiempo, y el tiempo ya te dará reencontrara", y es que las brujas si mueren en fuego, no quedan cenizas.

Paso el tiempo y morí sola y de forma natural.

Cuando desperté del sueño vi mi alarma, pasaba media hora de mi hora de entrada al trabajo.
- Vaya otra pesadilla - me dije y eran ya por años echándole la culpa a las películas de miedo, a los libros y al desamor.  Eso de dormir sola no me va.
Tome una taza de café, salí de mi casa olvidando mi llaves, tome un taxi y me fui al trabajo, al salir tuve que preguntar por un cerrajero, camine hacía el centro de la ciudad buscando la dirección y me tome con una librería con el nombre de "Salem",  - Debería entrar, seguro puede pasarme algo emocionante - Me burle de mi coincidencia.

- ¿Puedo ayudarle? - me dijo una voz desde el fondo de aquel pequeño cuarto donde había tantos libros como polvo.
- Claro busco cualquier cosa que hable cosas de Salem y si sabe por donde queda este cerrajero.
- El cerrajero queda a dos cuadras de aquí y ha Salem todos lo conocen ¿ no cree? - me dijo riendo y se me partió el corazón. Supe que era él.